miércoles, 23 de febrero de 2011

Alguna vez?


El niño al regazo.
El puño a un costado.
La mentira a tu lengua.
La mirada a otro lado.
La ropa al piso.
El silencio a los labios.
El dolor a la herida.
La sangre al río.
Al infierno mis diablos.
El agua a los pies.
La arena a los ojos.
Las agujas a las diez.
Al carajo el antojo.
La vanidad al espejo.
Al objeto el deseo.
La furia al pecho.
La manzana a tus manos.

Alguna vez alguien te dijo que todo vuelve?

El niño que abandonaste.
El puño que levantaste.
La mentira que dijiste.
La mirada que negaste.
La ropa que te quitaste donde no debías.
El silencio que mantuviste.
El dolor que callaste.
La sangre que no lavaste.
Los diablos que trajiste.
El agua de la que escapaste.
La arena de la que te cubriste.
Los antojos que inculcaste.
El espejo que miraste.
Aquello que siempre fue más fuerte que vos.
Aquel pecho que rompiste.
La manzana que mordiste.

Todo va a volver.
Todo.


domingo, 20 de febrero de 2011

De Latidos


Aquel corazón que tarareaba bajito,
un día cantó







TE AMO

martes, 15 de febrero de 2011

Fugitivos


Y corrió.
Corrió por el patio enlodado, saltó la cerca en dos ágiles movimientos y cayó del otro lado sobre un gran charco de agua sucia que lo empapó.
Mordió con más fuerza al cruzar sin mirar la ruta, del otro lado estaba el mundo temido y fascinante, que lo esperaba agazapado entre los árboles. Cruzó en un par de saltos y se adentró en el bosque dejando atrás los gritos desesperados de su captor.
Eso fue todo.
Hacía menos de dos minutos estaba somnoliento, muerto de frío y encadenado en un armazón de hierro.
Aquí, corriendo en el anochecer, sin más luz que el contraste entre donde había y no había nieve, pisando en cada zancada sin saber si había un precipicio o una trampa para osos, le llenaba el pecho una euforia indescriptible..
No le faltó respiro jamás, ni siquiera lo distrajo el enorme claro de hierba en el horizonte del bosque, donde se detuvo casi once kilómetros después.
Soltó el peluche que mordía y se quedó mirando sus pulidos ojitos de plástico.

- Papá, papá! - los gritos de chico sobresaltaron al padre. - Papá!!
- Qué pasa, enano?
- Papá, Jupiter se escapó!!! Rompió la cadena y me quitó a Boris..
- Que hizo qué?

Buscaron al enorme malamute durante dos semanas, jamás apareció.
Tampoco Boris, el peluche que por las noches escapaba hasta la jaula de Jupiter y le contaba historias de libertad.

martes, 8 de febrero de 2011

Pascale y Cicerone


No pensaba en nada especial cuando sucedió.
Se dió cuenta que no estaba despierto cuando después de levantarse de la mecedora y haber atravesado el maizal se encontró frente a un río que jamás había cruzado el fondo de su propiedad. Miró confundido hacia atrás por encima del hombro, todo seguía en su lugar allí, bajo el mismo cielo que miraba cuando se quedó dormido.
Su pequeña casa, unos cincuenta metros a sus espaldas parecía llamarlo inquieta 'Viejo, ven aquí.. la sombra de la galería está deliciosa..'
- Estúpida casa de mierda.. - masculló y volvió la mirada adelante. El río corría calmo, el río no decía nada, solo seguía allí haciendole compañia, apoyado en el maíz que él mismo había sembrado casi tres meses atrás.
Se inclinó para tocarlo, mojó sus manos y vió aproximarse una figura en el agua detrás de la neblina de media estación. El hombre (al menos eso parecía) remaba serenamente, sobrando la fuerza de la correntada.
- Te hiciste esperar Pascale. - dijo el hombre del bote al llegar a la orilla - Tienes mis dos monedas?
- Qué cosa.. eres? - preguntó asustado el viejo.
- Soy Cicerone, tu guía. - respondió la figura, levantandose el ala del maltrecho sombrero y mostrando una especie de máscara dorada que cubría todo allí donde debería haber piel en su rostro. Una visión horrenda. Sonrió y mostró no menos de tres docenas de dientes. - Tienes mis dos monedas?
- Pero.. no llevo dinero conmigo..
- Busca en tus manos, Pascale.
Se miró las manos, preguntándose cómo aquel ser brutal habría averiguado su nombre, y verdaderamente en cada una de sus palmas encontró una moneda de oro. Se las extendió a Cicerone que lo invitó a subir al bote con un gesto.
- Rema viejo Pascale, en aquella dirección - le dijo la figura, señalando. Luego posó cuidadosamente ámbas monedas en su máscara, las dejó allí hasta que se derritieron confundiendose en lo dorado. El sabor del humo que despedían las monedas al fundirse asqueó al viejo.
Remó sin chistar con los ojos cerrados, la bruma sostenida por el río lo confundía haciendole ver cosas que no estaban allí.. 'Qué hago aquí? Oh Pascale, viejo tonto..' pensó. Soltó los remos y desafió con la mirada al enorme tipo de la máscara.
- Crées que ya hemos llegado, ah? - preguntó Cicerone.
- No, pienso que te he dado dos monedas de oro y me has hecho remar. También pienso que debería haberme quedado sentado en mi mecedora bajo la sombra de la galería! - dijo dando gritos.
- No entiendes, verdad Pascale? Jamás saliste de tu mecedora.
El viejo lo miró incrédulo, sin atreverse a pensar en lo que había escuchado.
- Baja de mi bote, tus padres te esperan en la otra orilla.

martes, 1 de febrero de 2011

Juan Sin Ojos

Y aquella tarde nos acercamos al viejo.
Estaba sentado en la plaza como cada tarde, en la esquina de Salmode y Villalúdica, plácido bajo la sombra escueta de los lapachos.
Lo rodeamos, en silencio. Pareció no inmutarse.
Vestía un raído abrigo de pana, y por encima de los gruesos cristales de sus gafas, un sombrero Fedora de dudoso color grís.
Sacó las nudosas manos de sus bolsillos, se inclinó y apoyó los codos sobre las rodillas. Me senté frente a él, pude sentir el perfume del viejo.
Vainillas, quizá.
Comenzó a hablar, probablemente fue la sorpresa lo que nos hizo perder las primeras palabras que dijo. Intentaré ser enérgico con mi memoria, esto es lo que recuerdo haber escuchado (quizá con el tiempo he añadido algunos parches de imaginación):

"Hace algunos tantos muchos años conocí un niño, no mayor que ustedes je je je.. gustaba él de leer toda palabra que cruzara ante sus ojos.
- Y cómo se llamaba? - preguntó Payute, el enano de la pandilla. El viejo siguió contando sin advertir la pregunta.
Aquel crío tenía hambre de saber, lo consumía el murmullo de la ansiedad.
Un día, quién sabe de cuántos años atrás.. decidió poner fin a su búsque..
- Pero cómo se llam..? - quiso insistir El Cupi, matón del grupo, pero el viejo le ganó el envite secamente.
- Se llamaba Juan Sin Ojos - dijo.
- Ohhhhhh! - la reacción generalizada fue de infinito asombro. Ninguno de los siete volvió a interrumpir el relato.
En su cumpleaños pidió a sus padres un pastel con mil velas encendidas, una por cada deseo que quería cumplir. Su madre, muy elegante en la persuasión, le quiso hacer entender que correspondía una vela por cada año cumplido. Apenas necesitaría soplar ocho.
Sin embargo je je je, prevaleció la voluntad de Juan, el día de su cumpleaños en su pastel se podían contar ciento diecisiete velas.
- Ooooohhhhhh! - repetimos a coro.
Sopló una a una las velas, y en cada deseo pidió ver en sueños todo aquello que quería saber. Sobre la historia del mundo, sobre ciencias exáctas y ciencias del alma, sobre los tiempos por venir y más allá también.
Aquella noche, Juan fue a dormir ávido por última vez en su vida, en la noche vió el Universo.
Con el transcurso de los años, el muchacho no necesitó abrir los ojos al despertar, dejó de leer y pasado un tiempo se alimentó solamente con hojas de los árboles. Se marchó de su casa, sin rumbo fijo, incapaz de perderse pues conocía todo camino.
Hay quien dice que mientras su rostro se llenó de arrugas, sus ojos se borraron poco a poco hasta desaparecer.. ya no los necesitaba je je je, en su deseo lo había visto todo."

Después el viejo se irguió de su asiento y se quitó las gafas. Todos quedaron atónitos en un principio, luego salieron corriendo despavoridos y dando gritos.
Me tendió su mano y dijo:
- Soy Juan, mucho gusto.
- También me llamo Juan - le respondí, después pregunté - qué viste aquella noche?
Y me contó.
Desde aquel día poco a poco mis orejas han ido desapareciendo.